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Expansión Fintech y errores previsibles en Latinoamérica

  • Foto del escritor: Miguel Argüello Oviedo
    Miguel Argüello Oviedo
  • hace 7 horas
  • 10 Min. de lectura

Resumen Ejecutivo

La expansión fintech no falla solo por producto o capital. Falla por errores previsibles: leer mal la cultura, subestimar la regulación, ignorar a la banca, operar sin madurez institucional y creer que la tecnología sustituye la ejecución local. Te invito a leer este artículo y descubrir cuáles son los 5 errores que son frecuentes a la hora de una expansión.

Una escalera que dice Growth, una flecha por encima que señala hacía arriba.  Al lado la frase Expandirse no es simplemente crecer.  Miguel Argüello

Expandirse no es simplemente crecer. Tampoco consiste en abrir operaciones en otro país, contratar un par de personas, adaptar un producto y asumir que el mercado terminará acomodándose por sí solo. En fintech, la expansión suele venderse como una mezcla de velocidad, visión y tecnología. Y, en parte, lo es. Pero esta lectura, por sí sola, esta incompleta.


La realidad es menos cómoda. Muchas fintech no fracasan en su expansión por falta de producto ni por ausencia de capital inicial.  Realmente fracasan porque leen mal el terreno.

Creen tener un análisis del mercado y de los tiempos que no siempre es el adecuado.  Confunden infraestructura con adopción, entrada al mercado con viabilidad, regulación con solamente hacer trámites, y entusiasmo con capacidad real de ejecución. Este error de lectura y análisis no siempre se percibe al inicio. Y en ocasiones cuando si se percibe, no se toman las acciones adecuadas, se deja pasar y se dice que “hay tiempo”.


De hecho ese error muchas veces entra con un traje que todos conocemos cuando de hacer negocios se trata: optimismo. Construimos un pitch convincente. Una narrativa de crecimiento regional increíble. Sin embargo, el problema aparece después, cuando la operación empieza a rozar con la cultura, la regulación, los bancos, la confianza del usuario, la logística local, las expectativas del mercado, los inversionistas y la competencia.


La diferencia entre entrar a un mercado y estar realmente listo para operar


Hay un punto que es válido y común.  Es la narrativa que se construye de que expandir la empresa es parte del hambre que debe haber, es casi como una prueba de ambición. Una fintech valida su producto, gana tracción en su mercado de origen y, casi de inmediato, la siguiente pregunta aparece con fuerza: ¿qué país sigue? Desde fuera de la empresa, ese movimiento parece lógico. No obstante, desde adentro suele ser mucho más sensible.


El tema se vuelve más critico si se entiende cómo gana dinero una fintech. En la mayoría de los casos, no gana por tener más usuarios, sino por lograr que esos usuarios efectúen transacciones en el ecosistema, repitan, permanezcan y generen flujo económico. Ahí aparece una paradoja: el crecimiento visible puede ser alto, mientras la rentabilidad efectiva sigue siendo muy frágil. Por eso la expansión busca no solo usuarios, sino transaccionalidad constante y en crecimiento.


Al final, el número de usuarios solo es un punto de partida.  Lo que estos pueden hacer en la App es otro rollo y aquí está lo verdaderamente importante.

Quiero dejar bien claro que expandirse no es sinonimo de que estás creciendo. Tampoco es abrir operaciones en otro país, contratar algunas personas, adaptar una interfaz y asumir que el mercado terminará absorbiendo la propuesta de valor. En fintech la expansión se vende con frecuencia como una combinación de velocidad, visión y tecnología. Y creo que en parte lo es.  Pero entender esto así me parece es insuficiente.


Por eso la expansión de una fintech no debería analizarse únicamente como una decisión comercial o una necesidad de tus inversionistas. Debe leerse como una decisión estratégica de riesgo. No en el sentido defensivo o paralizante que por lo general se considera, sino en el más útil de todos: comprender de forma anticipada qué fricciones son previsibles, cuáles barreras son estructurales y qué condiciones deben construirse para que el crecimiento no se convierta en desgaste.


A lo largo de los últimos años he visto errores que se repiten con una frecuencia que llega a inquietar. No son errores rebuscados. Son precisamente previsibles. Por eso resultan más costosos de lo que se cree.


¿Cuáles son esos errores previsibles?


1. Subestimar la cultura


Una de las grandes tentaciones del mundo fintech es pensar que una buena solución técnica debería abrirse paso casi por mérito propio. Si el producto es más ágil, más accesible, más limpio en experiencia de usuario y más eficiente que la oferta tradicional, entonces la adopción parecería una consecuencia natural. Sobre el papel, la idea luce muy bien. En la práctica suele tener problemas con algo mucho más determinante: la cultura del mercado.


Ninguna solución financiera entra a un mercado vacío. Entra a un entorno donde ya existen hábitos, desconfianzas, rutinas, informalidad, usos parciales del sistema bancario, dependencia del efectivo y distintas nociones de seguridad. Este contexto no debe ser tomado como secundario. Jamás debe desecharse y no tomarlo en cuenta. Es parte del mercado mismo; y por ende, parte del negocio.


Aquí aparece un error bastante frecuente. Algunas fintech asumen que si apuntan a usuarios bancarizados, la adopción será más rápida porque esas personas ya tienen cuentas, tarjetas o acceso a aplicaciones. Pero no todo usuario bancarizado es realmente digital. En muchos mercados una parte relevante de la población utiliza el sistema financiero de manera mínima: recibe su salario, retira efectivo y vuelve a operar desde la lógica análoga. La existencia de una cuenta no equivale a disposición para adoptar nuevos comportamientos financieros y sobre todo utilizando tecnología.


En el otro extremo cuando la apuesta se dirige hacia personas no bancarizadas o subatendidas, la base de la piramide, el problema tampoco desaparece. Cambia de forma. Allí aparecen otras barreras: acceso desigual a dispositivos, conectividad deficiente, educación digital incompleta, desconfianza frente a nuevas opciones tecnológicas y una relación mucho más fuerte con el efectivo como mecanismo de control, seguridad y costumbre.


Para mi la conclusión es simple, aunque algo incómoda: la adopción no depende solo de que la solución exista. Depende de cómo las personas entienden, usan y valoran esa solución dentro de su vida.

Expandirse sin una lectura seria de la cultura es construir proyecciones sobre una base bastante frágil. Y cuando la adopción llega más lenta de lo esperado, el problema deja de ser comercial. Se vuelve estructural.


2. Tratar la regulación como un obstáculo secundario o como un simple checklist


Otra equivocación es mirar la regulación con una mezcla peligrosa de simplismo y rápidez para actuar. Algunas fintech la subestiman. Otras la sobredimensionan. Ambas posiciones tienen serios defectos estratégicos.


Subestimarla es riesgoso porque toda empresa entra a un país con un marco normativo mucho más amplio del que el discurso emprendedor suele admitir. Incluso cuando no existe una ley fintech específica, la operación queda dentro del marco de múltiples capas regulatorias: normas societarias, fiscales, laborales, municipales, contractuales, de protección de datos, consumidor, prevención de lavado de dinero, tercerización, firma, publicidad, reporte, contabilidad y, según el modelo, reglas especiales sobre pagos, crédito, remesas, dinero electrónico o actividades reservadas al sistema financiero formal.


Pensar que la pregunta decisiva es solo si existe o no una “regulación fintech” es una comprensión muy pobre y mediocre del problema. En muchos casos lo más delicado no está en una norma aislada, sino en la forma en que varias reglas dispersas interactúan y terminan condicionando la viabilidad real del negocio.


Por un lado tenemos a empresas que buscan usuarios, transacciones, pero sus ganancias quedan en un tercer país.  Aquí todo bien, pero, ¿el tema fiscal como lo trabajan? Muchas administraciones tributarias establecen que una empresa no puede estar en perdidas por más de X periodos fiscales.  ¿Cuál es el tratamiento, política y claridez fiscal que se crea para que tu Fintech esté cumpliendo correctamente?


El otro ángulo del error aparece cuando sí existe regulación especial y la empresa la estudia demasiado tarde. Entonces entra a un mercado con el producto prácticamente cerrado, con expectativas de crecimiento ya instaladas y con la narrativa de expansión en marcha, para descubrir que enfrenta licencias complejas, reservas de actividad, requisitos de capital, obligaciones de cumplimiento, exigencias de gobernanza, necesidad de aliados locales o barreras de entrada que nunca fueron integradas al plan original.


Hay un tercer vertice de error.  Es el que creer que entras en un mercado sin regulación especial y operar como si nunca va a existir una.  La extrema confianza hace que muchas capas de cumplimiento se dejen a un lado.  Cuando la regulación llega, entonces provoca un shock intenso que pone en aprietos a la empresa.  Lo mejor es actuar con una base solida de Compliance y llevarla a un punto más alto para estar siempre preparados ante eventuales riesgos regulatorios.


En todos estos casos, la expansión no fracasa porque una autoridad la prohíba. Fracasa porque la empresa llegó sin un mapa regulatorio serio y descubrió, ya dentro del país, que operar bien exigía más tiempo, estructura y disciplina de la presupuestada.


La regulación no debería verse solo como un asunto de compliance. En expansión, la regulación es el marco de entrada.


3. Asumir que los actores del ecosistema estarán alineados con la propuesta


Una fintech puede tener una App brillante, un modelo de negocio interesantísimo, una interfaz superior y una tecnología mejor que la del mercado tradicional, y ya no digamos en asuntos financieros, mucho mejor que la de un Banco. Pero les digo algo, nada de eso garantiza que el ecosistema del país receptor esté dispuesto a acompañarla.


Aquí se comete un error silencioso pero muy frecuente: asumir que los stakeholders relevantes estarán alineados con la lógica del modelo simplemente porque la propuesta tiene sentido e incluso podría sin duda alguna ayudar a todo el ecosistema. Pero los mercados no funcionan por simpatía -la mayoría de las veces. Funcionan por incentivos, negocios, controles, aversión al riesgo y estructuras de poder ya instaladas.


Esto aplica al sector público, a supervisores, municipalidades, proveedores críticos, cámaras empresariales, aliados tecnológicos, procesadores y, sobre todo, a los bancos.


En muchos mercados la pregunta más importante no es solo si la fintech resuelve un problema real. Yo no tengo dudas que la mayoría de ellas sí lo hace.  La pregunta es si quienes pueden habilitar o generar fricción a la operación están dispuestos a aceptar el modelo.

La relación con la banca merece una mención demasiado especial. Hay países donde los bancos son más abiertos a colaborar, integrarse o explorar esquemas de relación con nuevos jugadores; por ejemplo, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Guatemala. Solo por mencionar algunos.


Hay otros donde la actitud es más defensiva en diferentes niveles; por ejemplo, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, entre otros. Esa diferencia cambia la velocidad de entrada, el costo de integración, el acceso a rieles, la apertura de cuentas, la negociación comercial y la sostenibilidad misma de ciertas verticales del negocio.


No entender el mapa de actores es una forma de entrar mal. Porque la Fintech descubre algo tarde que su problema no era tecnológico. Era relacional, político y estructural.

4. Mantener el mismo mindset de startup al momento de expandirse


Hay una etapa en la vida de toda startup donde la velocidad es una ventaja decisiva. Probar rápido, iterar rápido, moverse antes que otros. Esa lógica es útil en la fase temprana. El error consiste en creer que esa misma mentalidad basta para entrar a otro país.


La expansión exige una mentalidad distinta. Exige pensamiento de negocio. Exige institucionalidad y un nivel de madurez distinto. Exige un desarrollo más serio sobre confianza, continuidad, seguridad, integridad, disponibilidad y capacidad de respuesta frente a incidentes.


La fase de expansión empieza a requerir estructura, trazabilidad y una narrativa creíble de solidez.


Una fintech que llega a un nuevo mercado no solo debe demostrar que innova. Debe demostrar que puede sostener operaciones, proteger información, responder ante fallas, interactuar con autoridades, integrarse con terceros y cuidar al usuario en escenarios de fraude, abuso, interrupción o reclamo.


Dicho de otra manera, ya no compite solo por promesa. Compite por confianza. Compite por demostrar que educa y logra una adopción más rápida, eficiente y limpia de su sistema.


Ese cambio de mentalidad es más importante de lo que parece. Muchas fintech siguen presentándose ante el mercado con una mezcla de entusiasmo, disrupción y superioridad tecnológica, cuando lo que el entorno realmente les exige es madurez operativa, organización y desarrollo de su estructura. No basta con ser más ágiles que un banco. Hay que convencer al mercado de que también se puede operar con disciplina, seguridad y mucha seriedad.


Expandirse no es romantizar la innovación. Es volverla gobernable para que el mercado confíe.


5. Creer que la tecnología reemplaza completamente al equipo local


En casi toda expansión aparece la tentación de pensar que el producto, la automatización y los canales digitales permitirán entrar con una estructura mínima. En ciertos casos esa lógica puede parecer bastante eficiente. Pero llevada demasiado lejos suele convertirse en un error que he visto es demasiado costoso.


Cada país tiene expectativas distintas respecto de atención, cercanía, confianza y resolución de problemas. Hay usuarios que toleran canales remotos, tiempos de espera largos en chats o atención esencialmente digital. Hay otros que necesitamos una relación más tangible, presencia local, referencias visibles o una sensación clara de respaldo operativo. Esa diferencia no es solo anecdotas. Define percepción de seguridad, permanencia y confiabilidad.


A esto se suma un tema menos visible, pero muy decisiva: muchas regulaciones, de forma directa o indirecta, exigen definir responsables locales, estructura mínima, representación, funciones críticas o puntos de contacto dentro del país. No se trata solo de servicio al cliente. Se trata de gobernanza operativa en el país.


Entrar sin el equipo suficiente puede parecer, al inicio, una medida razonable de contención de costos (algo que siempre es un tema puntual en las empresas). Pero con frecuencia termina convirtiéndose en un cuello de botella. Porque cuando la operación empieza a tensarse, la falta de personas, criterio local y capacidad de ejecución se vuelve demasiado evidente.


La expansión no exige necesariamente grandes estructuras desde el día uno. Pero sí exige la humildad de entender que ningún mercado se lee ni se opera exclusivamente desde la distancia o a control remoto.


La diferencia entre crecer y estar listo para crecer


Ninguno de estos errores es por sí mismo insuperable. Todos pueden anticiparse. Todos pueden mitigarse. Todos pueden tener tratamiento. Eso sí, con suficiente tiempo y estrategia. El verdadero problema aparece cuando la expansión se diseña como si todo dependiera del producto, del funding o de la velocidad de ejecución.


No. La expansión de una Fintech exige una lectura más sofisticada del mercado al que se quiere entrar. Exige comprender que la fricción no siempre está donde el pitch la ubica.


A veces está en la cultura. A veces en el regulador. A veces en el banco que no quiere abrir espacio. A veces en la infraestructura. En ocasiones en la falsa idea de que la región se comporta de forma homogénea solo porque comparte idioma, cercanía o ciertas carencias comunes.


EsTe es precisamente el punto donde la inteligencia de riesgos deja de ser un accesorio y se convierte en una herramienta más que estratégica.


No hablo de un enfoque burocrático ni que frene el negocio. Me refiero a la capacidad de leer -rápido -antes de entrar. De identificar dónde están los puntos de fricción, barreras y movimientos previsibles. De construir condiciones operativas antes de que los errores se conviertan en costos que incomodan a los inversores. De tomar decisiones de expansión con una mezcla más seria de ambición y realismo.


Una Fintech no puede, ni debe nacer para un solo país. Nace con vocación de escala. Pero la escala no se sostiene solo con visión. Se sostiene con preparación.


Y esa preparación comienza con una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿estamos realmente listos para operar en ese mercado o solo estamos listos para anunciar que vamos a entrar? Toma en cuenta que la expansión no debe medirse solo por la cantidad de países incorporados al mapa de crecimiento. Debe medirse por la calidad con la que una empresa construye su entrada, reduce fricciones y entiende el contexto donde quiere jugar.


Porque en Fintech, como en casi todo negocio serio, no basta con llegar. Hay que llegar bien.
La foto de Miguel Arguello y al lado el nombre indicando que es Analista en estructuración de negocios, inversión y riesgo.


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