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Cuando la ambición del empresario pierde de vista sus límites

  • Foto del escritor: Miguel Argüello Oviedo
    Miguel Argüello Oviedo
  • 29 abr
  • 5 min de lectura
Hombre empresario esta en una montaña viendo al vacío. Al lado el texto de que El problema es no saber cuanto riesgo se quiere y puede tomar. La falacia del ego. Miguel Argüello

En muchas empresas se habla de riesgo, pero se decide como si el riesgo fuera una molestia, una exigencia de auditoría o un asunto propio de bancos y aseguradoras, un asunto de sectores regulados y con total sinceridad considero que este es uno de los errores más costosos que tenemos hoy.


De mi parte, considero que el problema no está en la falta de controles.  De algo estoy muy claro, no todas las empresas construirán estos controles.  No porque no quieran, sino porque muchas no lo consideran “necesario”.  Quizá tendrán algunas políticas básicas, y serán en todo caso muy pocas que los tengan.


Pero el problema real al que se enfrentan las empresas hoy en día es no saber cuánto riesgo se quiere tomar, cuánto riesgo se puede soportar y en qué punto una apuesta que tiene buena cara para un negocio exitoso deja de ser estrategia para convertirse en una conducción sumamente temeraria.

Aquí entran dos conceptos que no se dicen mucho y quizá su comprensión es muy poca: el apetito al riesgo y la tolerancia al riesgo. Soy de la idea que deberían estos dos términos -ser básicos, comunes y universales en las mesas donde se toman las decisiones.


Conste, no son sinónimos, no son adornos y no deberían ser documentos que terminen en la gaveta de un archivo. Son criterios que se basan en una serie de análisis que se han efectuado sobre: un proyecto, un contexto, la empresa, entre otros. Definen hasta dónde una empresa quiere empujar sus límites y hasta dónde realmente puede resistir sin llegar a comprometer su liquidez, reputación, operación y hasta su continuidad.


La ISO 31000, insiste en que la gestión de riesgos debe integrarse en la gobernanza, la estrategia, la planificación, el reporte, las políticas y la cultura de la organización; y no como un mecanismo reactivo, sino como una forma de mejorar la toma de decisiones y asignar recursos con más criterio.

Definamos Apetito por el riesgo


ISO 31000 (Gestión del Riesgo) establece que que el Apetito por el riesgo es la magnitud (Cantidad) y tipo de riesgo que una organización está dispuesta a buscar o retener.


COSO (Gestión de Controles para las Empresas), por su parte, ha dicho una y otra vez que el apetito al riesgo debe vincularse con la estrategia y los objetivos, y que debe formar parte integral de la toma de decisiones.


La OCC en Estados Unidos define el apetito al riesgo como el nivel agregado y los tipos de riesgo que el consejo y la administración están dispuestos a asumir para alcanzar sus objetivos, y exige además que existan parámetros, límites y procesos de escalamiento cuando esos umbrales se acercan o se pasan.


Entonces el apetito al riesgo responde a la pregunta “¿cuánto queremos arriesgar para lograr lo que buscamos?”

¿Qué debemos entender por tolerancia al riesgo?


La tolerancia al riesgo responde a otra pregunta mucho más, digamos que, incómoda: “¿cuánto podemos soportar antes de que el daño empiece a ser material. Hasta donde consideramos aceptable?”.

La norma ISO 31000, define la tolerancia como la: "Preparación de la organización o de la parte involucrada para soportar el riesgo después del tratamiento del riesgo con el fin de lograr sus objetivos. NOTA La tolerancia al riesgo puede tener la influencia de requisitos legales o reglamentarios."


En simples palabras veo al apetito como la ambición; y la tolerancia el cuánto aguanta la empresa, pero solo después de saber como tratar sus riesgos.


En términos mucho más estrátegicos entonces el apetito expresa intención. La tolerancia fija fronteras. Una empresa puede tener apetito alto para crecer, innovar o entrar a nuevos mercados, pero una tolerancia muy limitada en caja, endeudamiento, ciberincidentes, cumplimiento regulatorio o exposición reputacional.


La falacia del ego


Hay empresarios que escucho decir: “nos gusta asumir riesgos”. Me parece súper bien. Pero seamos sinceros, la frase que tanto les gusta decir la verdad no sirve para nada.  Porque el que te guste asumir riesgos no significa que puedas aguantar el riesgo. 


A ver un supuesto más aterrizado: ¿soportarías tres meses de atraso de cobros, una auditoria regulatoria, la caída del sistema de ventas durante ocho horas, una campaña reputacional en tu contra, la pérdida de dos clientes importantes para la operación de la empresa, tu principal proveedor se retrasa y cuando te dice que puede despacharte el producto será a un precio 20% por encima de lo habitual porque hay una crisis en Medio Oriente, o una crisis societaria porque tus socios están disgustados?.


Muchas empresarios confunden ser valientes con la capacidad real operativa.


Por ejemplo, pensemos en Superman.  El hombre de acero puede volar, resistir impactos, mover puentes, carros y vencer enemigos que parecen dificiles. Pero incluso Superman tenía una limitación concreta: la kriptonita.


Superman sabe muy bien que no podía actuar como si esa vulnerabilidad - a la kriptonita - no existiera. Esto mismo pasa en las empresas. Hay negocios muy fuertes comercialmente, muy bien posicionados en ventas o muy respetados en su sector, pero con una kriptonita financiera, tecnológica, regulatoria, operativa o de gobierno corporativo.


El problema aparece cuando su apetito se construye con base en su ego y no en sus límites reales.

Por eso hoy más que nunca, estos temas importan, e importan mucho.  El contexto actual en el que vivimos castiga la improvisación. Deloitte ha advertido en 2026, que los directorios y ejecutivos necesitan un apetito de riesgo claro y accionable para el uso de inteligencia artificial, con fronteras sobre dónde puede utilizarse, niveles aceptables de autonomía y mecanismos de monitoreo y prueba.


En otras palabras el problema no es solamente cuánto quiere crecer una empresa, sino si realmente entiende cuánto puede soportar.

Aquí es donde muchas decisiones que parecen intrépidas y audaces, como dice mi hermano mayor, empiezan a parecer más bien, apuestas muy mal calculadas.  Simplemente son una peligrosa sobreestimación de la propia capacidad. Simplemente no entienden cuál es su apetito por el riesgo, y mucho menos conocen su empresa para reconocer cuál es la tolerancia al riesgo que tienen.


Hablar de apetito y tolerancia al riesgo no debe ponernos técnicos, mucho menos complejos. Debemos hacerlo desde un criterio básico del empresario: la ambición. Porque una empresa puede querer avanzar mucho, pero si no reconoce su propia "kriptonita", tarde o temprano el golpe no vendrá por falta de ambición, sino por exceso de confianza.


En la siguiente artículo me voy a enfocar precisamente en eso: cómo está funcionando realmente el apetito al riesgo dentro de las empresas, qué tanto lo conocen de verdad los empresarios y tomadores de decisiones, y por qué en muchos casos creen algo de claridad cuando en realidad solo están haciendo las cosas que deben hacer por mera intuición, costumbre o... simplemente ego.


Miguel Argüello. Consultor

Análisis estratégico sobre negocios, regulación, inteligencia de riesgos y estrategias de Latinoamérica

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