top of page
  • Miguel Argüello Oviedo

Aunque seas el dueño, hay límites de la autoridad empresarial


una mano en señal de alto, de stop y el texto que dice Sos el dueño, pero hay límites
Stop. Hay límites...

Este enunciado sugiere que, aunque eres dueño o estás a cargo de la empresa con todos “los poderes” que te puedan dar, hay límites o restricciones en cuanto a lo que puedes hacer en y con ella. Puede referirse a la necesidad de tomar decisiones estratégicas, considerar las regulaciones o restricciones legales, o reconocer la importancia de la responsabilidad y la ética en la gestión empresarial. Tener la autoridad sobre la empresa conlleva responsabilidades y limitaciones.


Después de dos décadas de experiencia, he notado que muchos tropiezan al confundir los límites entre la entidad empresarial, el dueño e incluso con sus accionistas; sobre todo, cuando estos son familia. Es como si la empresa fuera una fiesta y algunos no se dieran cuenta de que hay una línea muy delgada entre bailar con la empresa, bailar con el accionista mayoritario o con la familia. No confundamos por favor.


Navegando entre Límites y Oportunidades


Ahora, ¿cuáles son esos límites? Pues, están escritos en tu pacto constitutivo. Formar una sociedad es como un contrato matrimonial, pero sin el pastel de bodas. Establece límites financieros, contables, operativos y de gestión que es vital conocer. Gestionar una empresa es como equilibrar malabares entre la autonomía del dueño y las restricciones inevitables que te encuentras en el camino hacia el crecimiento. Un verdadero acto de circo, ¿verdad? Para muchos dueños es estresante sentirse “limitados”…

Aunque algunos crean que ser dueño de una empresa es como tener un pase VIP a la libertad sin restricciones, la realidad es que para tener éxito y desarrollo sostenible, debes respetar ciertos límites. No es un juego de "hago lo que quiero", sino más bien un juego de ajedrez donde cada movimiento tiene consecuencias.


“Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”

En ocasiones parece para algunos que ser propietario de una empresa puede inspirar una sensación de “libertad sin restricciones”, la realidad es que, para impulsar el éxito y el desarrollo sostenible, los empresarios deben reconocer y respetar ciertos límites.


He escuchado frases como "es mi empresa, hago lo que me da la gana", o "¿por qué no puedo hacer esto o aquello si es mi empresa?". Todas suenan a ego desatado y falta de objetivos claros. Incluso si estás desarrollando un negocio bajo tu propio nombre, recuerda que "tu negocio" y tú como dueño son dos cosas distintas. Separar el yo empresarial del yo personal es como tener dos personalidades, pero en un sentido legal y profesional.


Más allá del capricho empresarial


La tentación de tomar decisiones de manera unilateral es demasiado fuerte en muchas ocasiones. No obstante, esa tentación de llegar a materializarse puede tener consecuencias contraproducentes para el desarrollo y crecimiento de la empresa que estás construyendo o gestionando desde hace un tiempo.


Es aquí donde la planificación estratégica se posiciona como una pauta crucial, seguida de cerca por la ejecución efectiva de dichos planes. Surge un desafío para algunos empresarios, propietarios o al menos accionistas mayoritarios, que consiste en ignorar lo planificado en favor de impulsos momentáneos. Aunque a corto plazo no veas el iceberg, a largo plazo puedes terminar como el Titanic. No es cuestión de "yo mando", sino de tomar decisiones informadas, no impulsivas.

Gestionar una empresa no es un juego de "por mis pistolas". Sí, como dueño has aportado mucho, pero lo que funcionó antes no siempre funciona ahora. Todo va cambiando, evolucionando y modernizándose. Cuidado con los caprichos de imponerse, eso es como ponerse una corona de espinas.

Aunque eres el dueño, hay límites de la autoridad empresarial


¡Aunque seas el dueño, hay límites de la autoridad empresarial que tienes! Es como si te dijeran que aunque seas el rey de tu castillo, no puedes cambiar las reglas del ajedrez a mitad de partida. Las empresas operan en un marco regulatorio y ético, imponiendo límites que debes respetar. Si eres una sociedad o compañía anónima, estás jugando con regulaciones societarias, mercantiles, civiles, tributarias e impositivas. Ignorarlas puede ser como bailar en un campo minado: ¡boom!, pérdida de reputación y confianza. Sanciones, multas y perdidas.


Un área, que opino es una de los puntos críticos en una empresa es la contabilidad, No es solo llevar registros, es crear una coreografía que cumpla con las regulaciones fiscales. Esto es más allá de llevar "los más y los menos"… Es crucial establecer una política que permita operar con transparencia, en conformidad con los cánones establecidos por la regulación fiscal y haciendo uso de los mecanismos que las normas permiten para bailar en esa coreografía.


Otro límite importante a considerar es la paciencia. Ser impaciente tiene un costo significativo. Tomar decisiones rápidas puede ser como un paso en falso, especialmente si te basas en la intuición y no en la información. La urgencia a veces nubla el juicio, y la combinación con el estrés es como hacer malabares con dinamita. No se trata de evitar tomar decisiones rápidas. No, nada de eso. Tampoco se trata de desestimar tu intuición, sino de tomar decisiones informadas y no precipitadas.

Te invito a resistir la tentación de actuar de manera precipitada y, en su lugar, adopta un enfoque que considere más perspectivas de la situación antes de tomar decisiones cruciales. Eso sí, hazlo acompañándote de la agilidad de un buen equipo.


Gestionar los Riesgos...una danza suave y delicada


El riesgo es inherente a cualquier empresa, pero no todos los riesgos son iguales. Cada empresario / dueño debe evaluar cuidadosamente las oportunidades y amenazas antes de tomar decisiones, ejecutar estrategias y dar pasos importantes o necesarios. Abrazar el riesgo calculado puede ser una estrategia valiosa, y decidir sin un análisis adecuado puede llevar a consecuencias desastrosas.

Si no gestionas los riesgos, puedes encontrarte en una caída libre en donde afloren un sin número de problemas o circunstancias, entre ellas la reputación de tu empresa, multas, sanciones, penalizaciones, entre otras.

Bailando entre limitaciones y logros empresariales


En conclusión, ser dueño de una empresa implica más que simplemente ejercer el poder sin restricciones. Es reconocer y abrazar los límites. La danza del éxito empresarial implica equilibrar la autonomía con la responsabilidad, la toma de decisiones estratégicas con la adaptabilidad y la ambición con la ética. Al final, solo aquellos que encuentren armonía en esta danza lograrán alcanzar nuevas alturas en el mundo empresarial. ¿Estás listo para bailar?

 
Miguel Argüello ayuda a las empresas a mejorar el desarrollo de sus negocios
Miguel Argüello Oviedo

Comments


bottom of page