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8 No son suficientes…

  • Foto del escritor: Miguel Argüello Oviedo
    Miguel Argüello Oviedo
  • 8 mar
  • 8 Min. de lectura

Resumen Ejecutivo

Ocho horas no siempre bastan para construir un negocio o superar una crisis, pero trabajar más tampoco garantiza resultados. El punto no es aplaudir el agotamiento, sino entender la etapa en la que estás y diseñar un sistema que convierta tiempo en decisiones, ejecución y avance. Sin sistema, orden y hábitos sanos, más horas solo producen desgaste.

Un reloj sostenido por un hombre que esta trabajando hasta tarde

Elon Musk ha dicho en varias ocasiones que durante los años más críticos de Tesla y SpaceX, trabajaba entre 80 y 100 horas semanales. Jeff Bezos ha contado que en los primeros años de Amazon, él y su pequeño equipo pasaban madrugadas empaquetando pedidos. Steve Jobs vivió con una intensidad casi obsesiva durante etapas decisivas en la construcción de Apple y nuevamente a su retorno a la empresa.


Frente a esos ejemplos suele aparecer una discusión realmente incómoda. Por un lado, se nos habla de balance en la vida.. Por otro, se nos insiste en que, si queremos construir algo importante, debemos esforzarnos hasta el límite. Se habla de sacrificio: tiempo, familia, descanso, amigos, estabilidad. Todo parece quedar subordinado a la meta profesional o empresarial.


Este artículo se aparta un poco de lo que suelo escribir, pero hay una razón. Hay una pregunta que casi nadie hace con sinceridad: ¿hasta cuándo podemos y debemos parar? ¿Cuándo es suficiente? ¿Cuándo el esfuerzo deja de ser construcción y se convierte simplemente en desgaste?


Estoy convencido de algo: 8 horas no siempre son suficientes. Pero tampoco lo son 14, si no existe un sistema que convierta esas horas en decisiones, ejecución y avance verdadero.

Trabajar más no siempre significa construir mejor


No son únicamente las horas que dedicas, sino el sistema que tienes para que esas horas rindan.  Y cuando no son suficientes esas horas es porque logicamente hay tareas, ideación, planificación y sobre todo, ejecución que no alcanzan en las “8 horas” diarias de trabajo que según las normas laborales son las que “se deben trabajar”.


Cuando una persona está construyendo un negocio, una firma, un emprendimiento o incluso una carrera profesional, el tiempo adquiere otro valor. No solo importa cuánto se trabaja, sino qué peso específico tiene cada bloque de trabajo dentro del proyecto total.

Hay etapas en las que la jornada convencional simplemente no alcanza, porque todavía no existen estructura, equipo, procesos ni estabilidad. En ese punto el fundador o el profesional carga simultáneamente con funciones que en una empresa madura ya están distribuidas, o deberían estarlo.


Estoy en desacuerdo con quienes piensan que 8 horas bastan y que, después de eso, no se debe, no se puede o no se necesita ir más lejos en el día a día. Menos aún con la idea de que todo esfuerzo adicional es, por definición, un exceso injustificable. La realidad es más incómoda: si quieres llevar algo a un nivel óptimo, no siempre puedes trabajar bajo la misma lógica, el mismo ritmo y la misma intensidad que la mayoría.


Construir algo serio casi nunca exige una disciplina convencional.

Ahora bien, decir esto no equivale a defender el agotamiento permanente ni a idealizar jornadas interminables. Tampoco significa negar que hoy la tecnología, la inteligencia artificial y los agentes digitales permiten simplificar tareas y ganar velocidad. Claro que ayudan. Lo que no hacen es sustituir el criterio, la dirección ni la responsabilidad personal sobre lo que se construye. Cuando una persona delega por completo su pensamiento, su orden y su capacidad de decisión en herramientas externas, lo que gana en velocidad puede perderlo en control.


Por eso esta discusión no debería reducirse al falso dilema entre “balance perfecto” y “sacrificio total”. Tampoco se trata de romantizar lo que hoy se llama "hustle culture", es decir, esa mentalidad que convierte el trabajo duro, la hiperproductividad y la búsqueda incesante del éxito en el centro absoluto de la vida.


Sin embargo, esta mentalidad de “hustle culture” tiene una explicación económica bastante simple. Cuando un negocio nace, debemos concentrarnos en tres funciones simultáneas:


  • Diseño Estratégico

  • Ejecución Operativa

  • Captación de Capital o Clientes


En una empresa digamos que “madura” esas funciones están distribuidas entre varios ejecutivos, asistentes, etc.. En una startup , emprendimiento, negocio iniciando y con poco capital, etc, recaen en una sola persona. En ocasiones en menos de 5 personas. Por eso las horas tienden a dispararse.


La verdadera diferencia no está en las horas, sino en el sistema


Y estoy muy claro de que las horas no explican el éxito empresarial o profesional. Explican la intensidad del proceso, pero no el resultado. Y a lo largo de mis 25 años de experiencia laboral y profesional he aprendido que existen tres variables que tienen un peso increíble:


  1. Calidad de decisiones. Por ejemplo, elegir el mercado correcto vale más que trabajar 30 horas adicionales. Elegir el precio de tu producto o servicio es vital para no encontrar desgaste innecesario y deficits en tus ingresos.  Elegir a tus socios, trabajadores y proveedores es sumamente importante. Evitar riesgos innecesarios desde el día 1, cambia el rumbo por completo.

  2. Apalancamiento en la tecnología, capital o equipos multiplican el impacto del trabajo que se realiza.  En esta era digital. En la revolución tecnologica que vivimos desde hace buenos años, es ilógico que se siga utilizando formas análogas de hacer las cosas.

  3. Timing. Estar en el momento adecuado del ciclo tecnológico o económico. Hace casi 10 años, conocí a un grupo de personas que iniciaron un negocio tipo Uber.  A diferencia de Uber, no tenían una plataforma automatizada; en cambio, los clientes pedían servicio por WhatsApp.  Tenían varios vehículos, todos propiedad de los dueños, y varios conductores. El negocio tenía un gran potencial, pero el momento cultural y de adopción de este servicio en Nicaragua no era el adecuado.  Un punto interesante es que cuando el timing no es el correcto, los costos aumentan, y si no se identifican mecanismos (tecnologicos la mayoría de las veces) para escalar el negocio, simplemente no es viable.  Pocos años después surgieron aplicaciones como Aventón y otras que ofrecían un servicio más digital, similar a Uber, y que se han posicionado en el país.


No me cabe duda de que hay muchos empresarios que trabajan 80 horas y fracasan. El mercado está lleno de ellos. La diferencia por lo menos para mi, no es la cantidad de horas sino dónde se aplicaron. Donde gastas tus energias.  Qué sistema utilizas.  Aquí radica algo que cambia todo.  El sistema que usas para la inversión de tu tiempo y energia.


La pregunta seria no es si debes trabajar más o menos. La pregunta seria es esta: ¿en qué etapa estás, qué exige realmente esa etapa y qué sistema tienes para que tu tiempo produzca valor?


Cuando el negocio ya madura, la exigencia cambia


Entonces entramos a otro matiz importante. Muchos empresarios terminan trabajando 45 horas a la semana, pero después de que la empresa ya fue construida. Cuando la organización tiene procesos, equipos y sistemas de decisión, el fundador pasa de ser operador a ser arquitecto de decisiones, a realizar más el trabajo que lo hizo construir su empresa, fabricar nuevas ideas, ver el bosque completo y no solo ramas.


No osbtante, estoy claro de que en las etapas iniciales de creación empresarial (sea cuál sea tu negocio), es raro construir algo significativo trabajando dentro de un horario convencional. La intensidad de trabajo suele ser mayor. Pero el éxito no depende de las horas, sino de la calidad de las decisiones, el apalancamiento y el momento de mercado.


Claro, hay negocios de negocios. Pero seamos sinceros. Ningún negocio que no tenga una base sólida de clientes, ingresos constantes, punto de equilibrio, productos y servicios de calidad, procesos eficientes, orden, organización, visión clara, metas medibles, objetivos definidos y dedicación saldrá adelante. Puede tener algunos éxitos momentáneos, pegará un hit par de veces, pero no construirá nada duradero, permanente.


Y también hay quienes trabajan y trabajan porque hacerse la victima de sus propias ideas.  Por pretender dar la apariencia del sacrificio, de que lo da todo, de que así es su vida, así le ha tocado, y que no le cabe más que hacerlo, porque es lo que aprendió, es lo que le enseñaron y es lo que lo llena.


No obstante, desde la perspectiva de la teoría económica del emprendimiento, hay una observación interesante que he encontrado. El empresario exitoso no compite en horas de trabajo, sino en asimetría de información y diseño de estructuras. Joseph Schumpeter describía esto como la función del emprendedor innovador, quien reorganiza los recursos de manera distinta al resto del mercado.


He llegado a la conclusión, por ahora, de que el verdadero juego no es trabajar más horas que los demás. En cambio se trata de ver antes lo que otros no ven y construir estructuras más escalables.  No pretendamos construir algo inmenso (no solo en tamaño, sino también en impacto) haciendo lo mismo de siempre.  Debemos estar convencidos de que en momentos de crisis, no podemos salir adelante con los mismos hábitos, trabajando ineficientemente y sin un sistema claro que nos permita no solo sobrevivir, sino prosperar.


Por eso si me preguntas si ocho horas son suficientes, mi respuesta es no. Muchas veces no lo son. No lo son cuando estás empezando. No lo son cuando atraviesas una crisis. No lo son cuando todavía no has construido estabilidad. No lo son cuando sigues operando sin orden, sin sistema y sin una lógica clara de crecimiento.


Añadir más horas de trabajo no sirve de nada si el trabajo sigue siendo desordenado, reactivo y mal diseñado.

Un referente clásico sobre este punto es lo que hace 13 años, John Pencavel, profesor de la Universidad de Stanford y miembro del Stanford Institute for Economic Policy Research, publicó: “The Productivity of Working Hours” (La productividad de las horas de trabajo). En su estudio demostró que la productividad alcanza su punto máximo a las 10 horas diarias (50 horas semanales). Después de este punto, la curva de productividad se vuelve plana, lo que indica que trabajar más horas no conduce a una mayor productividad. Un estudio que aún sigue siendo un referente y base para otros trabajos de investigación más actuales.


Las horas, por sí solas, no son la respuesta. El sistema sí.

Aún estoy afinando mi sistema, y cuesta hacerlo. Sin embargo, lo que recomiendo para empezar son algunas cosas básicas; por ejemplo:


  1. Diseña tu día.  No solamente todo lo que harás (task list o to do list), sino en qué bloques de tiempo deben ir esas tareas.  Construir bloques de tiempo ayuda a hacer diferentes tareas que no siempre se relacionan entre si.

  2. Pausas. Cuando cambies de una tarea a otra que sea diametralmente opuesta (en teoría), como de contabilidad a ventas, toma un descanso de 10 minutos (algunos estudios sugieren hasta 15).  No uses ningún dispositivo electrónico durante este tiempo. Antes de empezar la nueva tarea, revisa los puntos generales que necesitas conocer para conectar más rápido, en lugar de lanzarte directamente a la tarea en sí.

  3. Asignación de tiempo. Algo que me ha servido es asignarle un tiempo específico a cada tarea.  Cuánto tiempo le voy a dedicar.  A menos que tenga una entrega urgente el mismo día, si no la termino en una hora o hora y media, la continúo al día siguiente y sigo con lo siguiente de mi agenda.

  4. Ojo con las reuniones.  Me funciona mejor tener las reuniones por la tarde. Mucho mejor si son los miércoles y jueves. Las reuniones pueden ser bastante demandantes en cuanto a energía, concentración y tiempo efectivo.

  5. Cambiar de ambiente una vez a la semana.  Si tienes oportunidad de irte a otro lado, ya sea en la oficina, en tu misma casa o a una cafetería, te lo recomiendo mucho.    


Por último te dejo una reflexión de Abraham Lincoln sobre la preparación: “Si tuviera seis horas para cortar un árbol, invertiría las primeras cuatro en afilar el hacha”.
foto de Miguel Arguello analista de estructuración de negocios, inversión y riesgos


Análisis estratégico sobre negocios, regulación, inteligencia de riesgos y estrategias de Latinoamérica

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