El sistema de pagos en Nicaragua ya tiene infraestructura
- Miguel Argüello Oviedo

- hace 18 horas
- 7 min de lectura

El reto de tener infraestructura -de pagos -es convertirla en comportamiento
Hay varias formas de leer el último Informe de Sistemas y Servicios de Pagos en Nicaragua del primer trimestre de 2026. Sin embargo, la más simple de todas es: Hay más operaciones, más tarjetas, más transferencias y más canales digitales.
Pero creo que una lectura tan simplista se queda corta. El informe nos regala una serie de datos muy interesantes. En el artículo "Nicaragua se digitaliza más rápido, pero el efectivo todavía es el Rey" establecí de forma muy general datos que nos dan mucha claridad.
Sin embargo, analizando profundamente este último informe y revisando los datos, mi tesis es que el sistema de pagos nicaragüense está entrando en una segunda etapa de desarrollo. Ya no debemos estar pensando en si existe o no infraestructura digital. Esa infraestructura está creciendo. Me planteo la pregunta de que si: ¿Estamos convirtiendo esa capacidad instalada en hábitos de pago realmente diferentes? Me pregunto si: ¿Se está creando cultura digital de pagos en Nicaragua?
Este es uno de los puntos más interesantes que debemos prestarle atención.
El volumen está creciendo más rápido que el dinero
Te muestro algunos datos.
Durante el primer trimestre de 2026, los diferentes sistemas de pago procesaron 4.5 millones de transacciones por C$790,178.7 millones. Frente al mismo período de 2025, el volumen aumentó 49.2%, mientras el valor lo hizo en 30.6%. Este dato dice muchísimo.
Cuando el número de operaciones crece considerablemente más rápido que el valor, se pueden hacer varios análisis. Uno es que el sistema está incorporando transacciones más frecuentes y de menor monto promedio. La otra es que el sistema está siendo utilizado para lo que ha sido diseñado, alejándonos del monto per se, y viendo la usabilidad como factor importante.
Conste, no necesariamente significa inclusión financiera, pero sí es una indicación de una mayor utilización transaccional de la infraestructura que ya existe a como dije anteriormente.
Observo por ejemplo que UNIRED durante el trimestre procesó 3,494,378 operaciones por C$172,047.3 millones. El volumen aumentó 72.1%, pero el valor creció 24.4%. Las transferencias cuenta a cuenta explicaron 89.1% del volumen y 98% del valor de UNIRED.
El promedio por operación fue de aproximadamente C$49,235. Mientras tanto, SINPE se comporta de manera distinta: su valor creció 32.5%, pero su volumen apenas 1.5%. Dentro de SINPE, las Transferencias Electrónicas de Fondos registraron un promedio cercano a C$19.9 millones por transferencia.
Entonces lo que observo es que el ecosistema se está especializando. ¿Por qué lo digo? y ¿En qué? … Bueno, te presento esto. SINPE mantiene una lógica de alto valor, de eso no tenemos duda. Sin embargo, UNIRED, por otro lado, está siendo la infraestructura donde el movimiento interbancario se da con mayor frecuencia y lo usan más usuarios.

Tener más tarjetas tampoco significa necesariamente pagar más con ellas
A ver. Dejemos por un momento de celebrar que hay más tarjetas circulando y hagamos una pregunta diferente que realmente sale del mismo informe: ¿qué estamos haciendo realmente con ellas?
Nicaragua cerró el primer trimestre de 2026, con aproximadamente 3.8 millones de tarjetas de pago activas, 17.7% más que un año atrás. Cerca de 2.9 millones corresponden a tarjetas de débito y unas 916 mil a tarjetas de crédito. Además durante el trimestre las tarjetas de débito y crédito registraron 50.3 millones de operaciones por C$176,494.8 millones. Es decir, no solamente hay más tarjetas: también existe una actividad transaccional importante alrededor de ellas.

Pero aquí está la parte más interesante. Una tarjeta utilizada no es necesariamente una tarjeta utilizada para pagar en un comercio. El universo de operaciones con tarjetas, especialmente en débito, incluye también retiros de efectivo y otras transacciones. Por eso, si lo que buscamos es entender si realmente está cambiando el comportamiento de pago de las personas, contar tarjetas emitidas o incluso operaciones totales no es suficiente para entender las ramas de un bosque que parece prometedor.
Tenemos que mirar qué parte de esas operaciones termina siendo consumo de productos y servicios.
Me iré un poquito atrás. Los informes anteriores ya dejan ver esa diferencia con bastante claridad. En el primer trimestre de 2025, por ejemplo, los consumos representaban 53.9% del volumen de las operaciones con tarjetas de débito, mientras que en tarjetas de crédito alcanzaban 94.2%. Dicho de otra forma: la tarjeta de crédito tiene una relación mucho más directa con el consumo, y es algo lógico, mientras que la tarjeta de débito todavía cumple funciones que van más allá del pago comercial.
Por eso me parece que los indicadores relevantes para mapear mejor lo que estamos viendo son: cuántas tarjetas realizan al menos una compra al mes, cuántas transacciones comerciales hace en promedio cada tarjeta activa, cuál es el ticket promedio, qué porcentaje del gasto cotidiano pasa por tarjeta y cuánto de ese crecimiento realmente está sustituyendo efectivo.
Y es precisamente cuando nos hacemos ciertas preguntas que las transferencias vuelven a aparecer como un dato relevante. En el primer trimestre de 2026, las transferencias intrabancarias movilizaron C$416,721.1 millones, equivalentes al 44.7% del valor total registrado con los instrumentos de pago que mide el informe. Las transferencias ACH añadieron otros C$172,047.3 millones, aproximadamente 18.4%. En conjunto, ambas movilizaron C$588,768.4 millones, alrededor del 63.1% del valor total.
Las tarjetas de débito y crédito en comparación movilizaron conjuntamente C$176,494.8 millones, aproximadamente 18.9% del valor total de esos instrumentos.

No podría decir que esto significa que las tarjetas están perdiendo terreno. Porque nunca lo tuvieron. Tampoco es correcto considerar que cada transferencia son una compra, porque se desconoce el objeto de la misma, pero en buena teoría responden a necesidades diferentes y tienen tickets distintos.
Lo que sí demuestran todos estos datos es algo que considero bastante importante de señalar: las tarjetas están creciendo dentro de un ecosistema donde cada vez resulta más sencillo mover dinero directamente de una cuenta a otra. Y esto lo hemos visto en Costa Rica con SINPE movil. El cual trataré en otro artículo.
Para bancos, adquirentes y marcas como Visa o Mastercard, creo que el desafío ya no debería medirse únicamente en número de tarjetas emitidas o terminales instaladas. El punto aquí es cuánto de ese ecosistema logra convertirse en pago comercial recurrente.
Porque al final del día podemos tener la tarjeta en la billetera —física o digital— pero estemos claros que no significa necesariamente elegirla al momento de pagar. Sobre todo, cuando muchos retiran fondos de su cuenta para andar en efectivo, y vemos que el efectivo sigue siendo el rey.
Las wallets podrían estar entrando en una nueva etapa
También me llamó la atención el comportamiento del dinero electrónico. Al cierre del trimestre se registraron 455,810 cuentas de dinero electrónico y 846,094 usuarios registrados de carteras digitales. El número de usuarios creció poco, apenas 1.3% interanual. Las operaciones con dinero electrónico alcanzaron 9.5 millones, creciendo 5.8%, mientras el valor aumentó 10% hasta C$10,086.2 millones.
Esto contrasta con lo que observé par de años atrás. Me explico mejor. En el primer trimestre de 2024, las carteras digitales realizaron 4.9 millones de operaciones, con un crecimiento interanual de 62.3%, y tenían 603,269 usuarios registrados.
Como se puede ver, la diferencia en velocidad de crecimiento es significativa. Sin embargo, pueden haber varias explicaciones. Pero mi primer análisis es que este segmento podría estar pasando de una fase de expansión acelerada a una fase donde el reto principal será activar, retener y generar recurrencia: cultura en pocas palabras. Es donde las Fintech o los bancos deben saber retener al usuario y crear un ecosistema tremendo para que podamos considerar su uso como importante en nuestras vidas.
Considero que cuando un mercado empieza, importa captar usuarios. Cuando comienza a madurar, importa cuánto usan el producto.
Incluso el cheque demuestra que “digitalizar” puede significar algo diferente...
Hay otro dato que fácilmente nos puede pasar desapercibido. De los 972,194 cheques compensados en la Cámara Interbancaria de Compensación Electrónica durante el trimestre, 99.6% fueron truncados, es decir, procesados mediante imágenes electrónicas en lugar de intercambio físico del documento. Esto me parece un excelente ejemplo de por qué debemos tener cuidado con la palabra “digitalización”.
A ver...El cheque sigue siendo un instrumento tradicional. Pero su procesamiento se volvió digital. Por tanto, puede existir digitalización del proceso, sin necesariamente existir digitalización del comportamiento del usuario. Esto último es a lo que debemos prestarle atención. Sin obviar que digitalizar procesos es sumamente importante para la eficiencia de las empresas.
Lo mismo puede ocurrir cuando una persona inicia una transferencia desde su celular y termina retirando el dinero en efectivo. Por ejemplo, cuando en Nicaragua se realizan retiros sin tarjeta. El usuario A entra a su cuenta, realiza el proceso de que se retire cierto monto sin tarjeta y le pasa el código a usuario B, quien va a un cajero únicamente para hacer el retiro.
Todo fue digital hasta el último momento en que sale el dinero del cajero.
El verdadero indicador de madurez
Los canales no presenciales realizaron 35.8 millones de operaciones por C$848,704.3 millones durante el trimestre. Su volumen aumentó 41.8% interanual. Al mismo tiempo, los canales presenciales todavía concentraron 61.9% del número total de operaciones, aunque los no presenciales representaron 76.7% del valor. ¿Qué quiere decir lo anterior?
No podemos interpretarlo simplemente como una batalla entre “físico” y “digital”.
Lo que probablemente estamos viendo es una segmentación por caso de uso. Para mover cantidades importantes, transferir entre cuentas o administrar fondos, lo digital es la vía principal. No hay duda al respecto.
Para muchas interacciones del día a día, el contacto físico —comercio, ATM, corresponsal, efectivo— sigue siendo relevante.

Y es aquí donde considero que está el próximo - enorme -reto del sistema de pagos en Nicaragua. No necesariamente necesitamos demostrar que hay más tecnología. Los datos ya nos demuestran esto.
Necesitamos medir mejor cuánta de toda esa infraestructura genera uso recurrente, cuántos comercios realmente transaccionan, qué porcentaje de las tarjetas emitidas se utiliza mensualmente, cuántos usuarios registrados de wallets son activos, cuántas transferencias sustituyen efectivo y cuántas simplemente terminan convirtiéndose nuevamente en dinero en efectivo en el último momento de un proceso que inicio digital seguramente.
Es una diferencia que quizá es pequeña, pero creo que es enorme en términos estratégicos. La primera etapa de la digitalización consistió en construir los canales. La segunda será conseguir que esos canales cambien hábitos, cambien la cultura de pagos.
Y creo que Nicaragua está comenzando a caminar en esa segunda etapa.




